CONDE DEMEDIADO PDF

Vudorr Want to Read saving…. Subscribe to our newsletter Some error text Name. Quotes from El vizconde demed Simbolo de la condicion humana dividida, Demediaado de Terralba sale a caminar por sus tierras. Thanks for telling us about the problem.

Author:Megal Dami
Country:Comoros
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):11 August 2017
Pages:259
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ISBN:492-1-46429-383-6
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Haba una guerra contra los turcos. El vizconde Medardo de Terralba, mi to, cabalgaba por la llanura de Bohemia hacia el campamento de los cristianos. Le segua un escudero de nombre Curcio. Las cigeas volaban bajas, en blancas bandadas, atravesando el aire opaco e inmvil. Por qu tantas cigeas? Mi to era un recin llegado, habindose enrolado haca muy poco, para complacer a ciertos duques vecinos nuestros comprometidos en aquella guerra.

Se haba provisto de un caballo y de un escudero en el ltimo castillo en poder de los cristianos, e iba a presentarse al cuartel imperial. Vuelan a los campos de batalla dijo el escudero, lgubre. Nos acompaarn durante todo el camino. El vizconde Medardo haba aprendido que en aquel pas el vuelo de las cigeas es seal de buena suerte; y quera mostrarse contento de verlas. Pero se senta, a pesar suyo, inquieto. Qu es lo que puede llamar a las zancudas a los campos de batalla, Curcio?

Ahora tambin ellas comen carne humana contest el escudero, desde que la caresta ha marchitado los campos y la sequa ha resecado los ros. Donde hay cadveres, las cigeas y los flamencos y las grullas han sustituido a los cuervos y los buitres. Mi to estaba entonces en su primera juventud: la edad en que los sentimientos se abalanzan todos confusamente, no separados todava en mal y en bien; la edad en que cada nueva experiencia, aun macabra e inhumana, siempre es temerosa y ardiente de amor por la vida.

Y los cuervos? Y los buitres? Y las otras aves rapaces? Adonde han ido? Estaba plido, pero sus ojos centelleaban. El escudero era un soldado hurao, bigotudo, que no levantaba nunca la mirada. No se sabe a ciencia cierta quin debe haber muerto primero, si el pjaro o el hombre, y quin debe haberse lanzado sobre el otro para quitarle el pellejo dijo Curcio.

Para huir de la peste que exterminaba a la poblacin, familias enteras se haban puesto en camino por los campos, y la agona les haba cogido all mismo. Esparcidos por la yerma llanura, se vean montones de despojos de hombres y mujeres, desnudos, desfigurados por los bubones y, cosa que en principio pareca inexplicable, emplumados: como si de sus macilentos brazos y costillas hubieran crecido negras plumas y alas. Era carroa de buitre mezclada con sus restos. Ya iban apareciendo en el suelo seales de batallas pasadas.

La marcha se haba hecho ms lenta porque los dos caballos se paraban a menudo, o bien se encabritaban. Qu les ocurre a nuestros caballos? Seor contest, no hay nada que disguste tanto a los caballos como el olor de sus propias entraas. Aquella parte de la llanura que atravesaban apareca en efecto recubierta de carroa equina; unos restos estaban supinos, con los cascos vueltos al cielo, otros en cambio, con el hocico enterrado en el suelo.

Por qu tantos caballos cados en este lugar, Curcio? Cuando el caballo cree que va a despanzurrarse explic Curcio, trata de retener sus vsceras. Algunos ponen la panza en el suelo, otros se dan la vuelta para que no les cuelguen.

Pero la muerte no tarda en llegarles igualmente. Las cimitarras turcas parecen hechas expresamente para hendir de un solo golpe sus vientres. Ms adelante ver los cuerpos de los hombres. Primero les toca a los caballos y despus a los jinetes.

Pero he all el campamento. En el lmite del horizonte se alzaban los pinculos de las tiendas ms altas, y los estandartes del ejrcito imperial, y el humo. Siguieron galopando y vieron que los cados de la ltima batalla haban sido casi todos apartados y sepultados. Slo poda descubrirse algn miembro desparramado, especialmente dedos, entre los rastrojos. De vez en cuando hay un dedo que nos indica el camino dijo mi to Medardo.

Qu significa? Dios les perdone: los vivos mutilan los dedos a los muertos para sacarles los anillos. Quin vive? Viva la sagrada corona imperial! Y muera el sultn! Pero os ruego que cuando lleguis al mando les digis que se decidan a mandarme el relevo, que estoy echando races! Los caballos ahora corran para huir de la nube de moscas que envolva el campo, zumbando sobre las montaas de excrementos.

El estircol de ayer de muchos valientes observ Curcio todava est en la tierra, y ellos ya estn en el cielo y se santigu. A la entrada del campamento, flanquearon una hilera de baldaquines, bajo los cuales mujeres gruesas con tirabuzones, con largos vestidos de brocado y los senos desnudos, los acogieron con gritos y risotadas.

Son los pabellones de las cortesanas dijo Curcio. Ningn otro ejrcito las tiene tan bellas. Mi to cabalgaba con el rostro hacia atrs, para mirarlas. Tenga cuidado, seor agreg el escudero, son tan sucias y estn tan apestadas que no las querran ni los turcos como presa de un saqueo.

No estn solamente cargadas de ladilas, chinches y garrapatas, sino que ya anidan en ellas los escorpiones y los lagartos. Pasaron ante las bateras de campaa. Por la noche, los artilleros cocinaban su rancho de agua y nabos en el bronce de las espingardas y de los caones, encandecido por los muchos disparos del da.

Llegaban carros llenos de tierra y los artilleros la pasaban por un tamiz. Ya escasea la plvora explic Curci, pero la tierra en donde se han desenvuelto las batallas est tan impregnada que, si se quiere, puede recuperarse alguna carga. Luego venan las cuadras de la caballera, donde, entre las moscas, los veterinarios remendaban sin descanso la piel de los cuadrpedos con cosidos, cinchas y emplastos de alquitrn hirviente, relinchando y dando coces todos, hasta los doctores.

El campamento de la infantera vena a continuacin por un buen trecho. Era el ocaso, y los soldados estaban sentados delante de cada tienda con los pies descalzos sumergidos en tinajas de agua templada. Acostumbrados como estaban a imprevistas alarmas de da y de noche, tambin cuando se lavaban los pies mantenan el yelmo en la cabeza y la pica pronta. En tiendas ms altas y aderezadas como pabellones, los oficiales se empolvaban los sobacos y se daban aire con abanicos de encaje.

No lo hacen por afeminamiento dijo Curcio, ms bien quieren demostrar que se encuentran completamente a sus anchas en las asperezas de la vida militar.

El vizconde de Terralba fue conducido en seguida al emperador. En su pabelln todo tapices y trofeos, el soberano estudiaba sobre los mapas los planes para futuras batallas. Las mesas estaban repletas de mapas desenrollados en donde el emperador clavaba alfileres, sacndolos de un acerico que uno de los mariscales le tenda.

Los mapas estaban ya tan cargados de alfileres que no se entenda nada, y para leer algo se tendran que quitar los alfileres y luego volverlos a colocar. En este quita y pon, para tener libres las manos, tanto el emperador como los mariscales sujetaban los alfileres con los labios y podan hablar slo con gruidos. Cuando vio al joven que se inclinaba ante l, el soberano emiti un gruido interrogativo y se quit en seguida los alfileres de la boca.

Italo Calvino 9 Un caballero recin llegado de Italia, majestad lo presentaron, el vizconde de Terralba, de una de las ms nobles familias del Genovesado.

Que sea nombrado inmediatamente teniente. Mi to hizo sonar las espuelas en posicin de firmes, mientras el emperador haca un amplio gesto regio y todos los mapas se enrollaban y resbalaban al suelo. Aquella noche, aunque cansado, Medardo tard en dormirse. Caminaba arriba y abajo cerca de su tienda y oa las llamadas de los centinelas, el relinchar de los caballos y el entrecortado hablar de algn soldado mientras dorma.

Contemplaba en el cielo las estrellas de Bohemia, pensaba en el nuevo grado, en la batalla del da siguiente, y en la patria lejana, en el rumor de las caas en los torrentes. En el corazn no senta ni nostalgia, ni duda, ni aprensin. Las cosas todava eran enteras e indiscutibles tal como era l mismo. Si hubiese podido prever la terrible suerte que le esperaba, quiz tambin la habra encontrado natural, y perfecta, aun en todo su dolor. Tenda la mirada al lmite del horizonte nocturno, en donde saba que se encontraba el campamento de los enemigos, y con los brazos cruzados se apretaba con las manos los hombros, contento de la certidumbre conjuntamente de realidades lejanas y distintas, y de su propia presencia en medio de ellas.

Senta la sangre de aquella guerra cruel, derramada en mil riachuelos sobre la tierra, llegar hasta l; y se dejaba lamer por ella, sin experimentar ira ni piedad. El vizconde demediado 2 La batalla comenz puntualmente a las diez de la maana.

Desde lo alto de su silla, el lugarteniente Medardo contemplaba la amplitud de la formacin cristiana, preparada para el ataque, y tenda el rostro al viento de Bohemia, que levantaba olor de tamo como de una era polvorienta. No, no vuelva la vista atrs, seor exclam Curcio que, con el grado de sargento, estaba a su lado.

Y, para justificar la frase perentoria, agreg, quedo: Dicen que da mala suerte, antes del combate. En realidad, no quera que el vizconde se desalentara, reparando en que el ejrcito cristiano consista casi nicamente en aquella hilera all dispuesta, y que las tropas de refuerzo eran apenas algunos escuadrones de infantes debiluchos. Pero mi to miraba a lo lejos, a la nube que se aproximaba en el horizonte, y pensaba: "Sin duda aquella nube son los turcos, y stos que a mi lado escupen tabaco son los veteranos de la cristiandad, y esta corneta que suena ahora es la orden de ataque, el primer ataque de mi vida, y este retumbo y temblor, el blido que se incrusta en el suelo observado con aburrimiento por los veteranos y los caballos es una bala de can, la primera bala enemiga con que me encuentro.

Que no venga el da en que tenga que decir: Y sta es la ltima. Pensaba: "Ver a los turcos! Ver a los turcos! Los vio, a los turcos. Precisamente llegaban all dos de ellos. Con los caballos protegidos con bardas, el pequeo escudo redondo, de cuero, vestidos a rayas negras y azafrn. Y el turbante, la cara de color ocre y los bigotes como uno que en Terralba llamaban "Miqu el turco". Uno de los dos turcos muri y el otro mat a otro. Pero estaban llegando quin sabe cuntos y el combate era de arma blanca.

Vistos dos turcos era como haberlos visto a todos.

PAMELA CHAMPE BIOQUIMICA PDF

FilosofĂ­a y Ciencia

Aramuro No sibiihatit ed, j6j o Ica Rocha Quintana v hard. Cosenyeyu-pue seypya-pue puen, condd tzam- vinsaatzpa pit. Zedrob cedro. Marrefiriff a va central mundial. Empero es de sa- ber, que se puede dar regla de algunos y avn de msehoB linigeB de nombres, que son los siguentes: Las vlrtades son siete: Adomar, Adrede, Adufe, Adufero, Adular, xiqni-haju-piie. California hay ,lambift numeroson Felix Varels. Zorita6 corita.

BREVILLE BJE510XL MANUAL PDF

Ensayo Sobre "el Vizconde Demediado

Click en la imagen para ampliar. El resultado es un recorrido intimista que invita a observar con detenimiento y de manera recogida cada una de las pinturas, lejos de sus medios originarios. El rey de los gatos, La ciudad era una fiesta, se dice siempre, y los movimientos de vanguardia, que de manera totalmente libre se entregaban a cualquier ocurrencia, congregaban a los aspirantes a artistas y a los ya consagrados, venidos todos desde muy distintos lugares. El artista debe sacar a la luz las vibraciones profundas del mundo.

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