LOS BANDIDOS DEL RIO FRIO PDF

Juan y la hija del conde, Mariana, se enamoran y conciben un hijo. Ambos piden a don Remigio que interceda por ellos ante el conde para casarse. El conde se opone al matrimonio y pide a don Remigio que mande a su hijo a la frontera norte para que de esta manera Mariana olvide su capricho. Al ausentarse el conde de su casa Mariana da a luz con la ayuda de su sirvienta.

Author:Telkree Malakree
Country:Dominican Republic
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):21 May 2016
Pages:338
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ISBN:593-1-60316-754-4
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Primera parte I. Sin embargo, la presunta madre se porta muy bien. Morena, de ojos y pelo negros, pies y manos chicas, como la mayor parte de los criollos. El muchacho era uno de los millares de parientes cercanos, herederos del emperador azteca. Los ranchos y los indios todos se parecen. Muy barrigonas de tanto comer rastrojo y tierra; pero con los cuadriles salidos y el lomo como filo de una espada. Se levantaba con la luz. Del heredero del trono azteca diremos una palabra.

El lunes, al tiempo de abrir las oficinas, se presentaba al Ministerio de Hacienda, y aunque tuviese que esperar horas enteras, entregaba personalmente su solicitud al mismo ministro o, cuando menos, al oficial mayor.

Es temprano y tienes tiempo de llegar antes de que se haya levantado el licenciado; te voy a preguntar una cosa. Evitar el sol y no salir al cerro. No agacharse mucho, no tener ninguna clase de disgustos y disminuir a la mitad la bebida de tlachique. Es hora de que Comience usted su ejercicio.

La botica se agotaba. Estoy decidida. El resto parece solo y abandonado. Los hombres que habitan ese lugar, que unos llaman las Salinas, otros San Miguelito y la mayor parte lo confunden con Tepito, ejercen diferentes industrias.

Unos con su red y otros con otates con puntas de fierro, se salen muy tempranito y caminan hasta el lago o hasta los lugares propios para pescar ranas. Las personas caritativas siempre les dan una taza de caldo y alguna limosna en cobre. Las mujeres no se sabe a punto fijo lo que hacen, pero es probable que siguen ejerciendo su industria y encuentran hospitalidad en los pueblos de indios vecinos.

Apellido ninguno, probablemente muchos ni bautizados estaban. Era una bonita india. Si queda pico, que se lo asierre el barbero, pues para eso no sirven las yerbas. Jipila con la medicina daba la receta, era un formulario magistral viviente.

Me dijo mi ama que te diera estos reales y que le mandaras una medecina. Las majas con la mano y calientitas se las pones en la barriguita. Pones las hojas en un jarrito, y bien jervidas, le das a beber la agua, y las hojas calentitas se las pones en la sarna. Regularmente encontraba ya a Matiana calentando los frijoles, quitando los mosquitos al cubo de tlachique y preparando un poco de chile colorado. Las ceremonias que precedieron a la primera medicina fueron, si se quiere, sencillas.

Dos semanas transcurrieron. La enferma lo mismo. Es necesario decir que Jipila no participaba de estas convicciones. La una curaba con esa medicina, y la otra se dejaba sanar con ella. Sus creencias mezcladas, la ignorancia y la fe al mismo tiempo, las guiaban. Levantando una nube de polvo, envuelta la estufa.

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